Sociolectos feminst@s: La subversión intencional del lenguaje patriarcado
Grafiti feminista
Sociolecto feminista
El sociolecto es un término pertenesciente al campo sociolingüístico que describe una relación entre una agrupación social y su variedad lingüística (Díaz-Diocaretz et. al, 95), yel conjunto de rasgos fonéticos, léxicos, sintácticos, y discursivos que lo componen (Gonzalez 59). El feminismo definimos como una familia de enfoques sociales y políticos para entender y responder al patriarcado (sistema opresiva y jerárquica—basado en distinciones de género). Pueden apoyar o desafiar unos aspectos del patriarcado y otros no--o pueden desafiar al sistema en total (que sería una crítica feminista radical). Así, un sociolecto feminista describe una comunidade lingüística que da muestras de resistencia al orden patriarcado para quitarlo su propio poder sociolingüístico. Aunque se fundamenta en una actitud preceptiva y expansionista (quiere difundirse), también sirve las necesidades del grupo que lo compone.
TEORÍAGRAMATICAL : «Gender», Género gramatical, y Sexo
Al principio de discutir la relación entre una crítica feminista y el género gramatical hay que entender que no tienen los mismos significados el género gramatical, el sexo y el género social (ej. masculino, femenino, andrógeno, etc.).
Una dificultad es que—mientras la palabra génerotiene muchos otros significados (incluso científicos, gramática, y más)—el uso teórico feminista es un neologismo que no se reconocía oficialmente hasta la Conferencia Mundial Sobre la Mujer (O.N.U.) de 1996, a pesar de mucha protesta de unos académicos (Russel-Bitting). Procedente del término inglés «gender», el género socialsignifica “un conjunto de comportamientos sociales atribuidos a un sexo y/o preferencia sexual” (Diccionario del Sexo y Género, DSG). Hay que notar aquí una diferencia clave entre este concepto, que se define y se construye socialmente, y el sexo que se base en la biología (ONUSIDA 2). Así pronunció la famosa filósofa y escritora feminista Simone de Beauvoir: "Una no nace mujer, sino que se hace mujer." Es interesante, lo que apunta una traductora de la ONU, que en general el uso español del término «género» en el sentido social se reserva solamente por contextos en que no serviría la palabra sexo como alternativa (considere los ejemplos del sexismo y la análisis de género) (Russel-Bitting). Presente un contraste con el uso inglés, en que suele confundirse con el sexo.
El género gramatical
“ El género es pues una categoría gramatical que marca las palabras: mesa es una palabra de género femenino y tablón es un término de género masculino, sin que esto tenga, en principio, mayores consecuencias. (A-Z 14)
En cambio, el género gramatical se refiere a un sistema clasificador de sustantivos, pronombres y sus adjetivos, artículos, y unos adverbios referentes. Junto con la diferencia singular/plural, el género surge como morfema en estas palabras, y exige una concordancia entre el sustantivo y las palabras descriptivas que le corresponden (si aceptan variaciones de género).
El adj. varía con el género del sust.El adj. no varía
El globo redondo Una bolsa mojada || Un edificio gris. Una amiga inteligente
En muchos casos el género de un sustantivo que no representa un ser vivo parece totalmente arbitrario. En una análisis del vocabulario castellano, Mario de la Fuente dice que en un “84% de sustantivos el género no aporta ninguna información sobre elementos externos a la lengua” (de la Fuente 11). El uso diario de la lengua contiene una multitud de objetos y conceptos femeninos (muralla, botella, religión, idea) y masculinos (árbol, edificio, teclado, paraguas, capitalismo), y tienen que fijarse l@s hispanoparlantes para que sean bien entendidos. A pesar de la fuerza estandarizadora, la grande extensión geográfica y social del español proporciona unos desacuerdos sobre el género de palabras ambiguas—como el/la sartén (también *calor,*mar, *tilde, *azúcar, *puente, y más). Aunque dice el Diccionario Real Academia Española, en el caso de la sartén, que es femenina (a base de su etimología), también observa, “en muchos lugares de América y España es usado como masculino” (Fernández López). Hay otra clase de sustantivos, como el/la capital y el/la orden, que también acepta los dos géneros, pero tiene distintos significados en cada caso (ej. el capital que es dinero para inversión y la capital que es una ciudad y/o centro).
¿Se puede distinguir el géneros de los animales?
Algunos animales también exhibir una variación de género, que se base en el sexo (macho o hembra) y se indica por su artículo y su morfema terminantes (la gata/el gato, la coneja/el conejo, la ratona/el ratón). Otros no varían en forma ni en género (la rata, la tortuga, el pez, la rana) y para comunicar el sexo del animal, hay que decir «la rata macho» o «el pez hembra». Así, el género gramatical a veces se corresponde con el sexo, y a veces no.
Los fundamentos de la crítica feminista del lenguaje:
“El sociolecto patriarcal está constituido por un lenguaje y un discurso que, creado originariamente por la palabra santa de la Biblia...y los Padres de la Iglesia, vinieron luego a institucionalizarse mediante el flujo colectivo e ininterrumpido de la literatura, en cuanto producto sociohistórico del discurso de los hombres cultos, eclesiásticos y laicos.”(95 Breve Historia) "El sexismo no está en la lengua, sino en la cabeza del que habla" --Izaskun Moyúa, presidenta del Instituto Vasco de la Mujer (“Piden que se evite...”) Es imposible no escribir “los” o “las” sin hacerlo desde la ideología.” --Osvaldo Bazán, editor/autor de Historia de la homosexualidad en Argentina (“No me llamo Tomás”)
¿Puede ser el lenguaje político? La crítica feminista de la gramática española procede de varias causas, casi todas relacionadas con el género gramatical y como se aplica a unos seres humanos para subordinarlos. Como ya dicho, el género gramatical de animales se determina (si varía) por el sexo biológico del organismo. En principal las mismas reglas determinan los géneros de palabras que representan a personas, pero—en el contexto de unos factores sociales, como la misoginia, el heterosexismo y la transfobia*—suceden unas valorizaciones y unos prejuicios relacionados con jerarquías opresivas. Además, la gramática borra la distinción entre el sexo y la identidad de género—tal que reafirma el determinismo de género y que niega la autodeterminación. La gramática conserva estas relaciones injustas, dice la filóloga Pilar Careaga, porque “el lenguaje está creado por el hombre, para el hombre y tiene como objeto el lenguaje del hombre” (Constenla 1). Puesto que los hombres han mandado y controlado el desarrollo de la literatura, el léxico y la gramática, dice Careaga que han pretendido hacerse más visibles e importantes que las mujeres y l@s demás. *una aversión por, y el prejuicio sobre, l@s transgéneros
La Diacronía y Sincronía de los sociolectos e ideologías feministas
Como el feminismo es una filosofía heterogénea que tiene una evolución larga y dramática, a veces prefieren hablar sus erudit@s de «feminismos» en vez de un «feminismo» solo. Esta categoría política abarca unas grandes variaciones diacrónicas (que cambia con el tiempo) y sincrónicas(variantes en el mismo momento histórico) de ideologías y prácticas lingüísticas.
DIACRONÍA: Una historia externa
En un resumen “Una mirada sobre los sucesivos feminismos,” teórica y historiadora María Salas nombra y describe cuatro etapas del movimiento feminista: Protofeminismo (premoderno—antes de los mediados de siglo XIX) ,Sufragismo/ 1a ola(moderno—desde mediados de s. XIX hasta el fin de la 1a Guerra Mundial), La Segunda ola (neofeminista—los años 60, 70, y 80), y la Tercera ola (los años noventa hasta hoy). Aunque describe una variación geográfica y social dentro de cada etapa (y muy a favor de la experiencia europea y estadounidense), esquematiza los enfoques y las preocupaciones que más definieron cada una.
El protofeminismo surgió de las ideas iluminacionistas y revolucionarias de las últimas décadas de siglo XVIII. En unos tratos emblemáticos como la Declaración de los los derechos de la mujer y de la ciudadana, l@s autorxs exigían que se reconociesen la humanidad y los derechos de mujeres. En esta época, cuando unas tradiciones machistas cuestionaban la idea de que tenían las mujeres un alma, dar o reclamar agencia como una mujer se veía por algun@s como radical. No tenía la mayoría de estas protofeministas suficiente apoyo ni recursos para ganar sus derechos, y un resurgimiento conservador dejó sus proyectos muertos o durmientes (Salas “Precursoras”).
A partir de los mediados del siglo XIX, empezaron a organizarse y luchar a favor de sus derechos legales y políticos—en particular el voto. Much@s de l@s promotorxs de los derechos de mujeres también luchaban por la abolición de la esclavitud o mejores derechos y protecciones para las clases bajas—lo que indica una idea amplia de la justicia social. En España, Salas dice que entró el feminismo «tardíamente» durante los años diez y veinte, y que por lo tanto se desarrolló muy influido por unos movimientos revolucionarios contemporáneos. Aunque ganaron la mayoría de sus objetivos bajo la República, l@s feministas de la época se enfrentaban por unos compromiso ideológicos debates internos y externos sobrla importancia relativa de “la fidelidad a la causa feminista y la fidelidad a los partidos políticos respectivos" (Salas).
La Segunda ola y los años setenta La segunda ola de feminismo resulta más difícil a resumir, dado un número creciente de actitudes y grupos feministas vinculados (como sus antepasados) con otros movimientos políticos del día. Durante unos treinta años, cambiaron sus campañas mucho. Luchaban feministas no sólo para defender los derechos democráticos de mujeres, sino también contra la guerra, el racismo y el capitalismo—y para todas las causas de la Nueva Izquierda (Salas). Como antes, se consideraba el feminismo a veces como parte integral de otros movimientos liberadores, y en otras como competidor. Se reunió por primera vez la Conferencia Mundial sobre la Mujer el año 1975, en mismo año de la caída (o a lo mejor el cambio) de la régimen franquista
Los años setenta se destacan por unos grandes extensiones y crecimientos de movimientos feministas en que se reunieron muchas nuevas organizaciones feministas—compuestas mayormente de mujeres educadas, blancas y de la clase media, aunque habían mujeres de color, de clases «bajas» y personas de otros géneros también. En gran medida, buscaron soluciones institucionales (antidiscriminación en, acceso al aborto y el divorcio, etc.), pero también querían iniciar unos cambios culturales, incluso la autodeterminación, la enseñanza, y la lingüística (Salas). En el caso de la lingüística, no sólo enumeraron Sexismo y lenguaje Durante la Segunda ola, much@s académic@s comenzaron ocuparse con la lengua y la manera en que reflejaba y perpetuaba el sexismo. Encontraron unos cinco problemas o «errores» básicos en la lengua codificada y usada, que siguen hoy tanto opuestos como vivos:
· Utilización de masculino plural, o del masculino singular, para englobar al conjunto de mujeres y hombres (las invisibiliza).
· Uso del artículo masculino plural con nombre común.
· Orden de aparición de lo masculino y femenino.
· Problemas de concordancia.
· Subordinación del femenino al masculino–Federación de Mujeres Progresistas (F.M.P)Otr@s investigadorxs han planteado otras maneras de expresar las mismas ideas. Desde la lista encima surgen tres problemas principales: el masculino genérico, un léxico machista, y la desvalorización de la mujer—en que se enfocaban much@s feministas erudit@s y otr@s de los años setenta y ochenta. El (mito del) masculino genéricoes una preferencia oficial por el uso de formas masculinas para representar grupos heterogéneos (de género mixto). Unas personas lo llaman «mito» porque pretende carecer de género o ser neutro, aunque presenta varios problemas de confusión y representación. En efecto, dice la crítica, el uso del masculino genérico y el femenino exclusivo normaliza la masculinidad e invisibiliza a l@s demás. Nota el ejemplo abajo que es un acertijo popular: Por supuesto, la solución es que el elefante mayor es la madre, y supongamos que le da igual si la llamamos «el» o «la». Pero cuando esta confusión extiende a los humanos y al uso diario, puede resultar en unas desiguldades como en los dos ejemplos siguientes:
“Losalumnosde la clase 2010 eligieron contribuir al Centro de Mujeres.”
¿Quienes son estos «alumnos»? ¿Se solidarizan los hombres con sus compañeras?
“Es elempleado más trabajadoren nuestra fábrica de coches. ¡Que lástima que se embarazó y que no puede regresar por unas seis meses más! Claro, necesitará tiempo para recuperar.”
¿De quién habla? ¿Es un hombre transgénero, que «se embarazó»?
El fuente de confusión en estos dos casos es el uso de la forma masculina genérica para representar a un grupo mixto (o a una persona dentro de él). Si se mantienen todos los sufijos, artículos, y atributos (adj.) en concordancia, la oración es gramáticamente correcta. Solo nos damos cuenta del contexto escondido porque choca con suposiciones culturales de los comportamientos y atributos físicos de hombres. Si hay un hombre solo entre l@s dich@s alumn@s, hay que decir «alumnos» porque utilizar el género femenino sugeriría que todas fueran mujeres. En el segundo caso, tiene el jefe (o la jefa) que utilizar las palabras «trabajador», «empleado» y el artículo masculino «el» para comparar a su empleada trabajadoracon l@s demás—de los que algunos son hombres. Como aprenden las niñas en el colegio (y todas ellas que aprenden el español), tienen que ser todas mujeres si van a utilizar términos femeninos.
El léxico machistase basa en parte, como otros términos ofensivos, en un legado de prejuicio, opresión y estereotipos. Según reformistas, unos descriptivos «términos neutros» funcionan (1) para conservar, prescribir y regular papeles tradicionales y (2) de manera despectiva, para criticar e insultar a mujeres y a otras personas femeninas (La Cizalla). Mientras puede ser obvia la mala influencia de palabras despectivas como víbora, pécora, puta y más—sustantivos que describen oficios y estados relacionados con papeles de mujeres (niñera, ama de casa, hilandera, víctima,matrona) y hombres (líder, comerciante, sacerdote, pilota, poeta, etc.), también delimitan las opciones dispuestas (o preferidas) de manera más sutil. Según Eulàlia Lledó Cunill del Instituto de la Mujer, esta precisa división no resultó por casualidad, sino (por lo menos en unos casos) por intención. Aunque lo confiesa normal que “si una actividad era más practicada por las mujeres (quizás en un principio sólo por las mujeres...), la denominación se creara en femenino ”—encuentra evidencia de que en siglos XIII -XVI variaban unas palabras que hoy día se defienden contra diferenciación (cerrajera, confesora, sastra,soldada, Obispa, etc.) (Eulãlia 16-17). Parece que tras décadas y siglos de intervalo la lengua española ha perdido tradiciones masculinas y femeninas que solo se reclaman hoy. Esta idea de la construcción de género y lengua da razón para confrontar y cambiar el sistema actual. femeninas que solo se reclaman hoy. Esta idea de la construcción de género y lengua da razón para confrontar y cambiar el sistema actual.
UNAS VARIACIONES SINCRÓNICAS Las prácticas y los objetivos de cada escuela de feminismo actual se definen en gran medida por sus respectivos enfoques y políticas—tal que puede elegir cada comunidad de feministas sus propias maneras de inyectarse en la gramática .
L@s Reformistas
L@s reformistas de los setenta hasta hoy han intentado revivir e inventar nuevas formas morfológicas de oficios previamente «neutros», y han buscado nuevas maneras de expresar la presencia de mujeres en grupos de géneros mixtos. Más que nada, han elegido un modelo de analogía para señalar el rol que toman mujeres (y hombres) en cada profesión y categoría. En varias investigaciones, han catalogados unos múltiples morfemas de género—los cuales se aplican a casos parecidos. Algunas 'reglas' y ejemplos se ven abajo. «Nuevas» formas femeninas y masculinos por profesiones >>Formaciones terminadas en -a/-o, -era/-er0, -ógrafa/ógrafo, -aria/-ario, -ada/-ado
la maestra, la portera, la fotógrafa, la bibliotecaria, la magistrada
el maestro, el portero, el fotógrafo, el bibliotecario, el magistrado
>>-era/-erØ, -ona/ón, -ana/-án,(d)ora/-(d)or
la mercadera, la patrona, la guardiana, la doctora, la labradora
el mercader, el patrón, el guardián, el doctor, el labrador
>>-enta/-ente , -ila/-il
la presidenta, la edila
el presidente, el edil
PALABRAS «NEUTRALES» QUE NO SUELEN MODIFICARSE CON GÉNERO
>>-ante* , -atra, -able, -ista, -ópata
la/el acompañante, la/el psiquiatra, la/el periodista, la/el homeópata,
>>-al, -el* , -e, -o*
la/el profesional, la/el timonel, la el forense, la/el piloto
>>(-anta)/-ante , (-ela)/-el, (-a)/-o
la acompañanta, la coronela, la pilota
el acompañante, el coronel, el piloto
*estas palabras géneralmente no se cambian con el género, pero en unos casos
Sociolectos feminst@s: La subversión intencional del lenguaje patriarcado

Grafiti feminista
Sociolecto feminista
El sociolecto es un término pertenesciente al campo sociolingüístico que describe una relación entre una agrupación social y su variedad lingüística (Díaz-Diocaretz et. al, 95), y el conjunto de rasgos fonéticos, léxicos, sintácticos, y discursivos que lo componen (Gonzalez 59). El feminismo definimos como una familia de enfoques sociales y políticos para entender y responder al patriarcado (sistema opresiva y jerárquica—basado en distinciones de género). Pueden apoyar o desafiar unos aspectos del patriarcado y otros no--o pueden desafiar al sistema en total (que sería una crítica feminista radical). Así, un sociolecto feminista describe una comunidade lingüística que da muestras de resistencia al orden patriarcado para quitarlo su propio poder sociolingüístico. Aunque se fundamenta en una actitud preceptiva y expansionista (quiere difundirse), también sirve las necesidades del grupo que lo compone.TEORÍA GRAMATICAL : «Gender», Género gramatical, y Sexo
Al principio de discutir la relación entre una crítica feminista y el género gramatical hay que entender que no tienen los mismos significados el género gramatical, el sexo y el género social (ej. masculino, femenino, andrógeno, etc.).Una dificultad es que—mientras la palabra género tiene muchos otros significados (incluso científicos, gramática, y más)—el uso teórico feminista es un neologismo que no se reconocía oficialmente hasta la Conferencia Mundial Sobre la Mujer (O.N.U.) de 1996, a pesar de mucha protesta de unos académicos (Russel-Bitting). Procedente del término inglés «gender», el género social significa “un conjunto de comportamientos sociales atribuidos a un sexo y/o preferencia sexual” (Diccionario del Sexo y Género, DSG). Hay que notar aquí una diferencia clave entre este concepto, que se define y se construye socialmente, y el sexo que se base en la biología (ONUSIDA 2). Así pronunció la famosa filósofa y escritora feminista Simone de Beauvoir: "Una no nace mujer, sino que se hace mujer." Es interesante, lo que apunta una traductora de la ONU, que en general el uso español del término «género» en el sentido social se reserva solamente por contextos en que no serviría la palabra sexo como alternativa (considere los ejemplos del sexismo y la análisis de género) (Russel-Bitting). Presente un contraste con el uso inglés, en que suele confundirse con el sexo.
El género gramatical
“ El género es pues una categoría gramatical que marca las palabras: mesa es una palabra de género femenino y tablón es un término de género masculino, sin que esto tenga, en principio, mayores consecuencias. (A-Z 14)En cambio, el género gramatical se refiere a un sistema clasificador de sustantivos, pronombres y sus adjetivos, artículos, y unos adverbios referentes. Junto con la diferencia singular/plural, el género surge como morfema en estas palabras, y exige una concordancia entre el sustantivo y las palabras descriptivas que le corresponden (si aceptan variaciones de género).
El adj. varía con el género del sust. El adj. no varía
El globo redondo Una bolsa mojada || Un edificio gris. Una amiga inteligente
En muchos casos el género de un sustantivo que no representa un ser vivo parece totalmente arbitrario. En una análisis del vocabulario castellano, Mario de la Fuente dice que en un “84% de sustantivos el género no aporta ninguna información sobre elementos externos a la lengua” (de la Fuente 11). El uso diario de la lengua contiene una multitud de objetos y conceptos femeninos (muralla, botella, religión, idea) y masculinos (árbol, edificio, teclado, paraguas, capitalismo), y tienen que fijarse l@s hispanoparlantes para que sean bien entendidos. A pesar de la fuerza estandarizadora, la grande extensión geográfica y social del español proporciona unos desacuerdos sobre el género de palabras ambiguas—como el/la sartén (también *calor,*mar, *tilde, *azúcar, *puente, y más). Aunque dice el Diccionario Real Academia Española, en el caso de la sartén, que es femenina (a base de su etimología), también observa, “en muchos lugares de América y España es usado como masculino” (Fernández López). Hay otra clase de sustantivos, como el/la capital y el/la orden, que también acepta los dos géneros, pero tiene distintos significados en cada caso (ej. el capital que es dinero para inversión y la capital que es una ciudad y/o centro).
Algunos animales también exhibir una variación de género, que se base en el sexo (macho o hembra) y se indica por su artículo y su morfema terminantes (la gata/el gato, la coneja/el conejo, la ratona/el ratón). Otros no varían en forma ni en género (la rata, la tortuga, el pez, la rana) y para comunicar el sexo del animal, hay que decir «la rata macho» o «el pez hembra». Así, el género gramatical a veces se corresponde con el sexo, y a veces no.
Los fundamentos de la crítica feminista del lenguaje:
“El sociolecto patriarcal está constituido por un lenguaje y un discurso que, creado originariamente por la palabra santa de la Biblia...y los Padres de la Iglesia, vinieron luego a institucionalizarse mediante el flujo colectivo e ininterrumpido de la literatura, en cuanto producto sociohistórico del discurso de los hombres cultos, eclesiásticos y laicos.” (95 Breve Historia)
"El sexismo no está en la lengua, sino en la cabeza del que habla" --Izaskun Moyúa, presidenta del Instituto Vasco de la Mujer (“Piden que se evite...”)
Es imposible no escribir “los” o “las” sin hacerlo desde la ideología.” --Osvaldo Bazán, editor/autor de Historia de la homosexualidad en Argentina (“No me llamo Tomás”)
¿Puede ser el lenguaje político?
La crítica feminista de la gramática española procede de varias causas, casi todas relacionadas con el género gramatical y como se aplica a unos seres humanos para subordinarlos. Como ya dicho, el género gramatical de animales se determina (si varía) por el sexo biológico del organismo. En principal las mismas reglas determinan los géneros de palabras que representan a personas, pero—en el contexto de unos factores sociales, como la misoginia, el heterosexismo y la transfobia*—suceden unas valorizaciones y unos prejuicios relacionados con jerarquías opresivas. Además, la gramática borra la distinción entre el sexo y la identidad de género—tal que reafirma el determinismo de género y que niega la autodeterminación. La gramática conserva estas relaciones injustas, dice la filóloga Pilar Careaga, porque “el lenguaje está creado por el hombre, para el hombre y tiene como objeto el lenguaje del hombre” (Constenla 1). Puesto que los hombres han mandado y controlado el desarrollo de la literatura, el léxico y la gramática, dice Careaga que han pretendido hacerse más visibles e importantes que las mujeres y l@s demás. *una aversión por, y el prejuicio sobre, l@s transgéneros
La Diacronía y Sincronía de los sociolectos e ideologías feministas
Como el feminismo es una filosofía heterogénea que tiene una evolución larga y dramática, a veces prefieren hablar sus erudit@s de «feminismos» en vez de un «feminismo» solo. Esta categoría política abarca unas grandes variaciones diacrónicas (que cambia con el tiempo) y sincrónicas (variantes en el mismo momento histórico) de ideologías y prácticas lingüísticas.DIACRONÍA: Una historia externa
En un resumen “Una mirada sobre los sucesivos feminismos,” teórica y historiadora María Salas nombra y describe cuatro etapas del movimiento feminista: Protofeminismo (premoderno—antes de los mediados de siglo XIX) ,Sufragismo/ 1a ola (moderno—desde mediados de s. XIX hasta el fin de la 1a Guerra Mundial), La Segunda ola (neofeminista—los años 60, 70, y 80), y la Tercera ola (los años noventa hasta hoy). Aunque describe una variación geográfica y social dentro de cada etapa (y muy a favor de la experiencia europea y estadounidense), esquematiza los enfoques y las preocupaciones que más definieron cada una.El protofeminismo surgió de las ideas iluminacionistas y revolucionarias de las últimas décadas de siglo XVIII. En unos tratos emblemáticos como la Declaración de los los derechos de la mujer y de la ciudadana, l@s autorxs exigían que se reconociesen la humanidad y los derechos de mujeres. En esta época, cuando unas tradiciones machistas cuestionaban la idea de que tenían las mujeres un alma, dar o reclamar agencia como una mujer se veía por algun@s como radical. No tenía la mayoría de estas protofeministas suficiente apoyo ni recursos para ganar sus derechos, y un resurgimiento conservador dejó sus proyectos muertos o durmientes (Salas “Precursoras”).
A partir de los mediados del siglo XIX, empezaron a organizarse y luchar a favor de sus derechos legales y políticos—en particular el voto. Much@s de l@s promotorxs de los derechos de mujeres también luchaban por la abolición de la esclavitud o mejores derechos y protecciones para las clases bajas—lo que indica una idea amplia de la justicia social. En España, Salas dice que entró el feminismo «tardíamente» durante los años diez y veinte, y que por lo tanto se desarrolló muy influido por unos movimientos revolucionarios contemporáneos. Aunque ganaron la mayoría de sus objetivos bajo la República, l@s feministas de la época se enfrentaban por unos compromiso ideológicos debates internos y externos sobrla importancia relativa de “la fidelidad a la causa feminista y la fidelidad a los partidos políticos respectivos" (Salas).
La Segunda ola y los años setentaLa segunda ola de feminismo resulta más difícil a resumir, dado un número creciente de actitudes y grupos feministas vinculados (como sus antepasados) con otros movimientos políticos del día. Durante unos treinta años, cambiaron sus campañas mucho. Luchaban feministas no sólo para defender los derechos democráticos de mujeres, sino también contra la guerra, el racismo y el capitalismo—y para todas las causas de la Nueva Izquierda (Salas). Como antes, se consideraba el feminismo a veces como parte integral de otros movimientos liberadores, y en otras como competidor. Se reunió por primera vez la Conferencia Mundial sobre la Mujer el año 1975, en mismo año de la caída (o a lo mejor el cambio) de la régimen franquista
Los años setenta se destacan por unos grandes extensiones y crecimientos de movimientos feministas en que se reunieron muchas nuevas organizaciones feministas—compuestas mayormente de mujeres educadas, blancas y de la clase media, aunque habían mujeres de color, de clases «bajas» y personas de otros géneros también. En gran medida, buscaron soluciones institucionales (antidiscriminación en, acceso al aborto y el divorcio, etc.), pero también querían iniciar unos cambios culturales, incluso la autodeterminación, la enseñanza, y la lingüística (Salas). En el caso de la lingüística, no sólo enumeraron
Sexismo y lenguaje
Durante la Segunda ola, much@s académic@s comenzaron ocuparse con la lengua y la manera en que reflejaba y perpetuaba el sexismo. Encontraron unos cinco problemas o «errores» básicos en la lengua codificada y usada, que siguen hoy tanto opuestos como vivos:
· Utilización de masculino plural, o del masculino singular, para englobar al conjunto de mujeres y hombres (las invisibiliza).
· Uso del artículo masculino plural con nombre común.
· Orden de aparición de lo masculino y femenino.
· Problemas de concordancia.
· Subordinación del femenino al masculino–Federación de Mujeres Progresistas (F.M.P) Otr@s investigadorxs han planteado otras maneras de expresar las mismas ideas. Desde la lista encima surgen tres problemas principales: el masculino genérico, un léxico machista, y la desvalorización de la mujer—en que se enfocaban much@s feministas erudit@s y otr@s de los años setenta y ochenta.
El (mito del) masculino genérico es una preferencia oficial por el uso de formas masculinas para representar grupos heterogéneos (de género mixto). Unas personas lo llaman «mito» porque pretende carecer de género o ser neutro, aunque presenta varios problemas de confusión y representación. En efecto, dice la crítica, el uso del masculino genérico y el femenino exclusivo normaliza la masculinidad e invisibiliza a l@s demás. Nota el ejemplo abajo que es un acertijo popular:
“Los alumnos de la clase 2010 eligieron contribuir al Centro de Mujeres.”
¿Quienes son estos «alumnos»? ¿Se solidarizan los hombres con sus compañeras?
“Es el empleado más trabajador en nuestra fábrica de coches. ¡Que lástima que se embarazó y que no puede regresar por unas seis meses más! Claro, necesitará tiempo para recuperar.”
¿De quién habla? ¿Es un hombre transgénero, que «se embarazó»?El fuente de confusión en estos dos casos es el uso de la forma masculina genérica para representar a un grupo mixto (o a una persona dentro de él). Si se mantienen todos los sufijos, artículos, y atributos (adj.) en concordancia, la oración es gramáticamente correcta. Solo nos damos cuenta del contexto escondido porque choca con suposiciones culturales de los comportamientos y atributos físicos de hombres. Si hay un hombre solo entre l@s dich@s alumn@s, hay que decir «alumnos» porque utilizar el género femenino sugeriría que todas fueran mujeres. En el segundo caso, tiene el jefe (o la jefa) que utilizar las palabras «trabajador», «empleado» y el artículo masculino «el» para comparar a su empleada trabajadora con l@s demás—de los que algunos son hombres. Como aprenden las niñas en el colegio (y todas ellas que aprenden el español), tienen que ser todas mujeres si van a utilizar términos femeninos.
El léxico machista se basa en parte, como otros términos ofensivos, en un legado de prejuicio, opresión y estereotipos. Según reformistas, unos descriptivos «términos neutros» funcionan (1) para conservar, prescribir y regular papeles tradicionales y (2) de manera despectiva, para criticar e insultar a mujeres y a otras personas femeninas (La Cizalla). Mientras puede ser obvia la mala influencia de palabras despectivas como víbora, pécora, puta y más—sustantivos que describen oficios y estados relacionados con papeles de mujeres (niñera, ama de casa, hilandera, víctima, matrona) y hombres (líder, comerciante, sacerdote, pilota, poeta, etc.), también delimitan las opciones dispuestas (o preferidas) de manera más sutil. Según Eulàlia Lledó Cunill del Instituto de la Mujer, esta precisa división no resultó por casualidad, sino (por lo menos en unos casos) por intención. Aunque lo confiesa normal que “si una actividad era más practicada por las mujeres (quizás en un principio sólo por las mujeres...), la denominación se creara en femenino ”—encuentra evidencia de que en siglos XIII -XVI variaban unas palabras que hoy día se defienden contra diferenciación (cerrajera, confesora, sastra, soldada, Obispa, etc.) (Eulãlia 16-17). Parece que tras décadas y siglos de intervalo la lengua española ha perdido tradiciones masculinas y femeninas que solo se reclaman hoy. Esta idea de la construcción de género y lengua da razón para confrontar y cambiar el sistema actual.
femeninas que solo se reclaman hoy. Esta idea de la construcción de género y lengua da razón para confrontar y cambiar el sistema actual.
UNAS VARIACIONES SINCRÓNICAS
Las prácticas y los objetivos de cada escuela de feminismo actual se definen en gran medida por sus respectivos enfoques y políticas—tal que puede elegir cada comunidad de feministas sus propias maneras de inyectarse en la gramática .
L@s Reformistas
L@s reformistas de los setenta hasta hoy han intentado revivir e inventar nuevas formas morfológicas de oficios previamente «neutros», y han buscado nuevas maneras de expresar la presencia de mujeres en grupos de géneros mixtos. Más que nada, han elegido un modelo de analogía para señalar el rol que toman mujeres (y hombres) en cada profesión y categoría. En varias investigaciones, han catalogados unos múltiples morfemas de género—los cuales se aplican a casos parecidos. Algunas 'reglas' y ejemplos se ven abajo.
«Nuevas» formas femeninas y masculinos por profesiones >>Formaciones terminadas en -a/-o, -era/-er0, -ógrafa/ógrafo, -aria/-ario, -ada/-ado
la maestra, la portera, la fotógrafa, la bibliotecaria, la magistrada
el maestro, el portero, el fotógrafo, el bibliotecario, el magistrado
>>-era/-erØ, -ona/ón, -ana/-án,(d)ora/-(d)or
la mercadera, la patrona, la guardiana, la doctora, la labradora
el mercader, el patrón, el guardián, el doctor, el labrador
>>-enta/-ente , -ila/-il
la presidenta, la edila
el presidente, el edil
PALABRAS «NEUTRALES» QUE NO SUELEN MODIFICARSE CON GÉNERO
>>-ante* , -atra, -able, -ista, -ópatala/el acompañante, la/el psiquiatra, la/el periodista, la/el homeópata,
>>-al, -el* , -e, -o*
la/el profesional, la/el timonel, la el forense, la/el piloto
>>(-anta)/-ante , (-ela)/-el, (-a)/-o
la acompañanta, la coronela, la pilota
el acompañante, el coronel, el piloto
*estas palabras géneralmente no se cambian con el género, pero en unos casos
CITAS
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