Este estudio se centra en el español en Filipinas, la única colonia que el imperio español tuvo en el Pacifico. Este archipiélago no ha conservado el español como lengua principal, sino que permanece como lengua secundaria o ha evolucionado en lenguas criollas. Es un símbolo de prestigio entre las clases altas filipinas pero no está extendida entre la población. Según John Lipski, "Philippines is the only former Spanish where the Spanish language was never acquired by the majority of the native population, and which replaced no native language. Among the other former colonies, only Equatorian Guinea shows a similar profile..." (Lipski, 2001). Si se sigue un criterio geográfico y se cuenta España como “centro” del imperio, Filipinas supone un “límite” o “extremo”. Se trata de una zona a la que nunca se otorgó la misma importancia con que se trató a las colonias hispanoamericanas, en la que se centró el dominio político, social, y lingüístico. Otra zona “periférica” es Nuevo México , como extremo norte de las colonias en América, área que ha estudiado Megan Simpkins. También se pueden considerar como un ejemplo de lengua española en “extremos” geográficos el judeoespañol, sefardí, o ladino, cuyos hablantes se extendieron por África y Asia hasta Turquía, y posteriormente se establecieron en Israel y Estados Unidos. Amanda Keiffer analiza el ladino y Brandon Rigby se centra en la situación de esta lengua desde la posguerra hasta la actualidad .
La expansión del español: contexto histórico.
La expansión del castellano está relacionada con la política imperialista de los reinos de Castilla y Portugal. Según Clancy Clements, los motivos por los que ambas coronas comenzaron a conquistar nuevos territorios eran “…the wish on the part of the aristocrats in both kingdoms to extend the Reconquista to Morocco in order to acquire more land. Perhaps more important, however, was that both Portugal and Castile were in need of a steady source of North African grain because of the low supply on the peninsula. The most pressing motive, however, for aristocrats as well as the bourgeoisie, was a desperate need for gold…” (Clements, 2009, p.39)
Ambos reinos trasladaron su rivalidad a las colonias. Este enfrentamiento se reflejó en la política lingüística colonial. Según Shirley Heath, “Los Reyes Católicos decretaron la imposición de prácticas sociales y culturales cristiano-castellanas tanto para los infieles en la Península Ibérica como para los indios en las colonias (Heath, 1972ª: 26)”. Sin embargo, las intenciones de la metrópolis chocaron con la realidad de los españoles que acudían a las colonias: “Los franciscanos y dominicos que acompañaban a las expediciones consideraron la evangelización de los indígenas como su tarea principal" (Carol Klee y Andrew Lynch, 2009, p. 116)
Por eso, "a pesar de la política oficial de la Corona que veía la difusión del idioma castellano como un elemento esencial de la expansión del Imperio español, los frailes aprendieron las lenguas indígenas y evangelizaron a los indios en esas lenguas” (Klee y Lynch,116). El conflicto entre leyes metropolitanas y realidad colonial se prolongó con los cambios en política lingüística.
En 1550, Carlos I decretó que los frailes enseñaran castellano a los nativos. Sin embargo, según Klee y Lynch “los edictos no llegaron a cumplirse dada la realidad cotidiana de los pobladores de la Nueva España” (118). Felipe II revocó las leyes dictadas por su padre y decretó que “el náhualt, como instrumento de conversión religiosa, fuera la lengua oficial de los indios de la Nueva España” (118). Entre los siglos XVII y XVIII, “los monarcas insistieron en la enseñanza del castellano mientras que los religiosos respondieron a sus decretos documentando la realidad social y lingüística de la colonia” (118). Esta situación se prolongó hasta la independencia de las colonias.
El español se extendió por las colonias y hoy es lengua oficial en veintiún países. No sucede así en Filipinas, país en el que las lenguas cooficiales son el inglés y el tagalo.
El español en Filipinas
España tomó posesión del archipiélago en 1564. Sin embargo, debido al Tratado de Tordesillas, la única forma de acceder al territorio era por el océano Pacífico. La lejanía geográfica , unida a la dificultad para alcanzar tierra firme, provocó escaso interés en la colonia. Los habitantes españoles de la colonia más oriental del imperio eran religiosos, militares, y la administración encargada del galeón de Manila. Filipinas, junto con Puerto Rico y Cuba, fue de las últimas colonias españolas, que se perdieron al finalizar la guerra contra Estados Unidos de América en 1898.
Los motivos por los que el español no se convirtió en la lengua mayoritaria de la antigua colonia asiática son, según Lipski (2001) :
1. La política del gobierno español de usar las lenguas vernáculas, sobre todo en funciones religiosas.
2. El número pequeño de colonos españoles frente a la mayoritaria población indígena.
3. La falta de grandes desplazamientos de la población autóctona que posiblemente hubieran creado la necesidad de usar el español como lingua franca.
Como vemos, es una situación similar a la que sucedió en la Península Ibérica con la entrada de los visigodos tras el declive del imperio romano y la desaparición de Hispania como península romana.
Las lenguas cooficiales de Filipinas son el tagalo y el inglés. El español es una lengua minoritaria, de la que Jonh Lipski distingue entre dos fénomenos. El primero es el español de las élites de herencia hispano-filipina. Lo habla un grupo pequeño, aristocrático y descendiente de españoles. El segundo es el grupo de lenguas criollas conocidas comúnmente como chabacano. Lipski lo denomina PCS (Philippine Creole Spanish), que hemos traducido como Español Filipino Criollo o EFC.
Ni una ni otra aparecen en la lista de las principales lenguas según la web del gobierno filipino, donde en cambio sí se mencionan el inglés, el tagalo, y ocho dialectos.
Rasgos específicos del español en Filipinas
Este español filipino las clases altas sigue el modelo del castellano. Sus hablantes se localizan en las zonas residenciales de Manila y Cebu y descienden de españoles. Otro de los motivos por los que conservan el español es que se han educado en colegios privados religiosos donde el profesorado procede a menudo de España.
Los abogados suelen estudiar español, ya que gran parte del código civil estaba en esta lengua. Estos filipinos emplean la lengua peninsular como muestra de rango social y orgullo de autenticidad aristocrática. Sin embargo, según Lipski, “…few true speakers under the age of about 40 are to be found, and it is unlikely that the language will survive another generation.” (Lipski, 2001).
Las características del español hablado en Filipinas se enumeran a continuación.
Fonética:
Pronunciación oclusiva de los sonidos /b/, /d/ y /g/ intervocálicos, que son fricativos en otros dialectos del español.
Elisión del fonema /d/ en los sufijos –ado. Esto sucede tanto en adjetivos y nombres como en la terminación del presente perfecto: helao, terminao.
Permanencia de la /s/ final de sílaba. No se elide, como en otros dialectos del español.
Articulación alveolar de la /n/
Permanencia del fonema lateral palatal /ë/, que permanece sólo en algunas zonas de la Península Ibérica.
Parada glotal [q] al principio de las palabras que comienzan con vocal o en hiatos: el hombre [el-qom-bre], maíz [ma-quis]. Según Lipski, esto se debe a la influencia de las lenguas filipinas nativas
Morfosintaxis
Uso del pronombre personal vosotros.
Uso de los clíticos le y les.
Combinación de una raíz en tagalo con un sufijo español: del tagalo babae (mujer) -----babaero/babayero (mujeriego).
afirmativo Oo [oqo] en vez de sí.
Léxico
El español de Filipinas conserva americanismos, la mayoría de origen mexicano. “These evidently date from earlier days of Hispano-Philippine contacts, when the Manilla Galleon departed from the port of Acapulco” (Lipski, 2001). Estos términos están relacionados en su mayoría con la agricultura o el comercio: zacate, camote, sayote, change (de tiangue).
Las tres principales comidas diarias tienen nombres españoles: desayuno, almuerzo, cena. Estos nombres también los emplean los hablantes de lenguas filipinas.
El uso de improperios está dividido: mientras los hablantes de EFC emplean términos mexicanos, los hablantes de español filipino suelen utilizar palabras malsonantes castellanas.
Cambios semánticos
También no sustituye a tampoco.
La palabra "lenguaje"se emplea como “lengua nacional” y no como “estilo de habla”.
Uso de la expresión idiomática la mar de para expresar “en gran cantidad".
Graciapor “nombre propio”
Seguropor “probablemente”
Los pronombres personales seguidos de cuidao tienen el sentido de “hacerse cargo”
El español filipino criollo o chabacano.
Siguiendo la clasificación de Lipski (2001), en este artículo llamamos al chabacano “español filipino criollo” o EFC, evitando el nombre tradicional de chabacano. Éste término significa, según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua “sin arte o grosero o de mal gusto”. Posiblemente el nombre le viene por el poco aprecio que se ha otorgado a esta lengua desde su formación. El chabacano ha sufrido desprecio e incomprensión, debido a prejuicios o falta de interés por conocer profundamente su estructura: “… es un español con los recursos gramaticales del tagalo y el cebuano” (Antonio Quilis, 1975). Tambiñen se ha calificado como “español roto” y en algunas regiones se rechaza.
Se considera que el superestrato del EFC es un conjunto de lenguas autóctonas, principalmente el cebuano y el tagalo, y el español es un superestrato ya que gran parte del léxico del EFC proviene del español. Según Lipski, “Altough within the PCS/Chabacano-speaking communities this word has lost the negative connotation and refers only to the language itself, many enlightened community members avoid the term Chabacano and prefer instead the regional designations of Caviteño, Ternanteño, and especially Zamboangueño.” (Lipski, 2001).
Lipski calcula que alrededor de medio millón de filipinos habla EFC, aunque en la web de Zamboanga se afirma que son al menos 700.000. De estas tres variedades, la más extendida es el Zamboangueño, hablado en la peninsula de Zamboanga.
No se conoce el origen exacto del EFC. Lipski apunta varias posibilidades:
Mestizaje de entre soldados de habla hispana, posiblemente mexicanos y hablantes de malayo.
Derivación de un pidgin portugués se hablaba en la isla de Ternate, en Indonesia. Es posible que sus habitantes se desplazasen a Filipinas, donde establecieron la ciudad de Ternate, nombre que podría proceder de la isla indonesia.
Llegada de esclavos de diferentes orígenes que eran obligados a trabajar en Zamboanga y adqurieron el español.
Noticias en EFC
Rasgos distintivos del EFC La noción general es que el EFC no tiene gramática “Nuay [kamé] gramática `we have/there is no grammar’ I was constantly informed in Zamboanga, while many Chabacano speakers in Cavite informed me that Chabacano was ‘broken Spanish’ and tried their best to speak in ‘real’ or ‘good’ Spanish” (Lipski, 2001) La falta de libros de gramática, instrucción formal o tradición de escritura en chabacano refuerza esta idea. Sin embargo, los lingüistas han identificado una base gramática, aunque carezca de norma escrita. Sin embargo, Ian Mackenzie (2001) ha identificado estas características:
Fonética.
El EFC comparte la fonética del español filipino hablado por las élites. Aparte, encontramos otros rasgos.
Sustitución del fonema /f/ por el /p/: [pondo] por [fondo], [pwuera] por [fuera]
Aspiración de la /x/: [huega] > [juega], [hente] > [gente]
El fonema /tS/ se pronuncia como [ts] o [s]: [petso]/[peso] > por [pecho]
Aspiración de la /R/ vibrante [tohRe] > [torre]
Cambio de [r] to [l] en finales de sílaba [bilhen] > [virgen], [talde] > [tarde]
La R final de los infinitivos se aspira [habla] > [hablar]
Las vocales de inicio de sílaba van precedidas por una parada glotal, como sucede con las lenguas indígenas locales: [lagrime/a] > [lagrimear]
Morfosintaxis
Según Mackenzie (2001), el EPC sigue las relgas básicas de las lenguas criollas.
Uso de artículos definidos e indefinidos, el y un, pero se usan de forma indistinta: el bata (el chico), el voz, un bata mujer (una mujer).
El género no existe como categoría gramatical: el mujer alto ya andá na plaza.
La masculinidad o femeneidad de los nombres animados se señala mediante aglutanción: el caballo mujer
Uso de la partícula mana (mga en Tagalo) para expresar pluralidad: el mana casa > las casas
El plural también se expresa en algunos casos con el sufijo –s: rosa, rosas
Las dos formaciones del plural pueden darse al mismo tiempo: su mana pulseras
Normalmente no se utiliza el plural junto a determinativos numéricos: siete mujer
Pronombres personales:
Tuteo y tres variedades de voseo.
Tres variedades de la primera persona del plural y dos de la segunda y tercera persona, que proceden del castellano, el tagalo y el cebuano.
Singular
Plural
1
Yo
Nisós/kamé/kitá
2
Tú, vo/vos/evós, usté
Vusós/kamó
3
Eli
Ilós/silá
Ausencia de tiempos verbales que se compensa con partículas preverbales.
Partícula
Fuente
Valor
Ejemplo
ta
estar
presente
Eli ta jugá Ella juega
de/di
de
futuro
¿Cosa hora di lliga vusos? ¿A qué hora llegáis?
ay
hay
futuro
Ay escribí yo cun mi anák Escribiré a mi hijo
ya
ya
pasado
María ya regalá un relos cun su novio María le regaló un reloj a su novio
Los adjetivos pueden usarse como adverbios: Caminá chiquitito >caminar a pasos cortos
Con/Cun se usa como objeto directo o indirecto : Ya mirá yo cun José >Ví a José
Nisós ya pidí pabor cun su papang >Ya le hemos pedido a tu padre un favor
Ele ya empesá buscá que buscá con el sal >Él/ella empezó a buscar la sal por todas partes
Uso de la preposición na (posiblemente de origen Portugués) se usa en construcciones locativas y direccionales.
El español se ha extendido más allá del territorio en el que se desarrolló (de Castilla al resto de la península Ibérica) al igual que sucedió con el latín. Si se comparan ambas lenguas, tenemos una español normativizado (como el latín culto) socilectos y geolectos del español que llevaron los soldados, misioneros, e inmigrantes a los territorios conquistados, como sucedió con el latín vulgar.
Los fenómenos del latín y el español no son iguales, pero tienen similitudes. Por un lado, la norma, que es poco flexible, acepta sólo determinados préstamos y cultismos y es hablada sólo por un pequeño grupo. Por otro, los múltiples dialectos, que son flexibles, con léxico que acepta préstamos de otras lenguas, incluidas las vernáculas, y evolucionan de manera tanto fonética como morfosintáctica.
Independientemente de la situación del español en otras áreas, en Filipinas hay una situación similar a la que se produjo con la llegada de los visgodos a la península Ibérica. El español sirvió de superestrato para el chabacano, aportando léxico a la lengua de base gramatical autóctona.
Entre los nativos filipinos que hablan español como símbolo de alto estatus social, Lipski afirma que “few true Spanish speakers under the age of 40 are to be found, and it is unlikely that the language will survive another generation.” (2001, p 5). Por tanto, es muy probable que los días del español como herencia del imperio estén contados en Filipinas.
Es cierto que existe una Academia Filipina de la Lengua Española, pero este organismo no puede "limpiar, fijar ni dar esplendor" al español en la denomina “aquella región oriental” si la mayoría de la población no lo habla. La fecha del establecimiento de este organismo, 1924, muestra la escasa importancia que supuso el archipiélago para el antiguo imperio y su existencia se debe más a la nostalgia que a la necesidad real de regular una lengua que los filipinos no sólo no necesitan, sino que abogan por eliminar del currículum universitario y califican de anacrónica: “Spanish is still a subject in the universtiy curriculum (despite current pressure to remove the requirement) and formerly Spanish was widely taught in the public schools.” (Lipski, 2002)
Es posible que el español permanezca en Filipinas, del mismo modo que el latín es parte del currículum español en la educación secundaria y se recurre frecuentemente a ella en forma de dichos, aforismos, fórmulas legales, textos científicos, etc. Pero el hecho es que el imperio español no puso el mismo empeño en imponer el castellano entre los nativos filipinos, como hizo con los americanos. Los filipinos no necesitan saber español en la actualidad para comunicarse en su sociedad, y ya saben inglés para hacerlo con el exterior.
Es más interesante el desarrollo del EFC, porque muestra cómo podría ser el futuro del español cuando éste se convierta en lengua muerta.
Vídeo promocional de Zamboanga en EFC
Mauro Fernández considera al EFC como “lengua en peligro” (2001), y Lipski deplora la confusión creada en torno al EFC: “One of the difficulties in tracing the presence and development of Chabacano in the Philippines is the common confusión of a coherent creole language with ‘broken Spanish’ or even fluent Spanish" (2001). De hecho, sí existió una variedad de pidgin o ‘español roto’, llamada “español de cocina”, que usaban los inmigrantes chinos y la servidumbre de las casas españolas.
Según Lipski, parece ser que los únicos interesados en el EFC son los especialistas en lenguas criollas. Sin embargo, si se comprueban otros datos, vemos que los zamboanganos están muy orgullosos de su lengua. El mismo Lipski afirma que los políticos y funcionarios emplean zamboangano cuando van a la península. “In Zamboanga City and its environs, nearly all local-level politicians come from the región, and speak Chabacano as first or second language… any government oficial who addreses an audience in Chabacano is assured of the loyalty of significant sectors of the population” (Lipski, 2002)
También se puede encontrar online webs culturales basadas en el EFC, como esta página de proverbios, y numerosos artículos sobre el zamboangano. Existe incluso un día del zamboangano, y el distintivo sobre el que sus hablantes muestran orgullo es por ser la única lengua de base española que existe en Asia. Los hablantes de EFC no hablan español, pero reconocen la raíz hispana de su lengua.
Aunque se hable en una región por una cantidad relativamente pequeña de filipinos (las cifras oscilan entre el medio millón y los 700.000 hablantes), los datos proporcionados dan la idea de una lengua dinámica, flexible (acepta préstamos del inglés y el español) y parte importante de la identidad de la región: “Chabacano is a manifestation of linguistic and cultural resilience, a language which continues to grow in number of speakers and sociopolitical impact” (Lipski, 2001). En el número de hablantes está la cuestión. Si continúa creciendo, el EDC podría convertirse en lengua descendiente del español, como este es del latín y este es a su vez del indoeuropeo.
Bibliografía y webs de referencia
Clements, Clancy. The Linguistic Legacy of Spanish and Portuguese. Colonial Expansion and Language Change. Cambridge University Press, Cambridge, 2009.
Heath, Shirley Brice. Telling Tongues. New York: Teachers College Press, 1972
Fernandez Rodríguez, Mauro. ¿Por qué el chabacano? Estudios de sociolingüísitca: Linguas, sociedades e culturas, Vol. 2. Nº 2, 2001 pp. 1-12.
Lipski, John. Chabacano/Spanish and the Philippine linguistic identity. 2001 - Este y más artículos se encuentran en su página web:http://www.personal.psu.edu/jml34/
MacKenzie, Ian Palenquero and Chabacano. Lincom Studies in Romance Linguistics, vol. 35: A linguistic introduction to Spanish, 2009
Mar-Molinero, Clare, Stewart, Miranda. Globalization and Language in the Spanish-Speaking World. Palgrave Macmillan, Hampshire, 2006
Klee, Carol, Lynch, Andrew. El Español en Contacto con Otras Lenguas. Georgetown University Press, Washington DC, 2009.
Quilis Morales, Antonio. Notas de morfología verbal sobre el español hablado en Cavite y Zamboanga (Filipinas), Homenaje universitario a Dámaso Alonso, 1970, pp. 59-64.
Este estudio se centra en el español en Filipinas, la única colonia que el imperio español tuvo en el Pacifico. Este archipiélago no ha conservado el español como lengua principal, sino que permanece como lengua secundaria o ha evolucionado en lenguas criollas. Es un símbolo de prestigio entre las clases altas filipinas pero no está extendida entre la población. Según John Lipski, "Philippines is the only former Spanish where the Spanish language was never acquired by the majority of the native population, and which replaced no native language. Among the other former colonies, only Equatorian Guinea shows a similar profile..." (Lipski, 2001). Si se sigue un criterio geográfico y se cuenta España como “centro” del imperio, Filipinas supone un “límite” o “extremo”. Se trata de una zona a la que nunca se otorgó la misma importancia con que se trató a las colonias hispanoamericanas, en la que se centró el dominio político, social, y lingüístico. Otra zona “periférica” es Nuevo México , como extremo norte de las colonias en América, área que ha estudiado Megan Simpkins. También se pueden considerar como un ejemplo de lengua española en “extremos” geográficos el judeoespañol, sefardí, o ladino, cuyos hablantes se extendieron por África y Asia hasta Turquía, y posteriormente se establecieron en Israel y Estados Unidos. Amanda Keiffer analiza el ladino y Brandon Rigby se centra en la situación de esta lengua desde la posguerra hasta la actualidad .
La expansión del español: contexto histórico.
La expansión del castellano está relacionada con la política imperialista de los reinos de Castilla y Portugal. Según Clancy Clements, los motivos por los que ambas coronas comenzaron a conquistar nuevos territorios eran “…the wish on the part of the aristocrats in both kingdoms to extend the Reconquista to Morocco in order to acquire more land. Perhaps more important, however, was that both Portugal and Castile were in need of a steady source of North African grain because of the low supply on the peninsula. The most pressing motive, however, for aristocrats as well as the bourgeoisie, was a desperate need for gold…” (Clements, 2009, p.39)
Ambos reinos trasladaron su rivalidad a las colonias. Este enfrentamiento se reflejó en la política lingüística colonial. Según Shirley Heath, “Los Reyes Católicos decretaron la imposición de prácticas sociales y culturales cristiano-castellanas tanto para los infieles en la Península Ibérica como para los indios en las colonias (Heath, 1972ª: 26)”. Sin embargo, las intenciones de la metrópolis chocaron con la realidad de los españoles que acudían a las colonias: “Los franciscanos y dominicos que acompañaban a las expediciones consideraron la evangelización de los indígenas como su tarea principal" (Carol Klee y Andrew Lynch, 2009, p. 116)
Por eso, "a pesar de la política oficial de la Corona que veía la difusión del idioma castellano como un elemento esencial de la expansión del Imperio español, los frailes aprendieron las lenguas indígenas y evangelizaron a los indios en esas lenguas” (Klee y Lynch,116). El conflicto entre leyes metropolitanas y realidad colonial se prolongó con los cambios en política lingüística.
En 1550, Carlos I decretó que los frailes enseñaran castellano a los nativos. Sin embargo, según Klee y Lynch “los edictos no llegaron a cumplirse dada la realidad cotidiana de los pobladores de la Nueva España” (118). Felipe II revocó las leyes dictadas por su padre y decretó que “el náhualt, como instrumento de conversión religiosa, fuera la lengua oficial de los indios de la Nueva España” (118). Entre los siglos XVII y XVIII, “los monarcas insistieron en la enseñanza del castellano mientras que los religiosos respondieron a sus decretos documentando la realidad social y lingüística de la colonia” (118). Esta situación se prolongó hasta la independencia de las colonias.
El español se extendió por las colonias y hoy es lengua oficial en veintiún países. No sucede así en Filipinas, país en el que las lenguas cooficiales son el inglés y el tagalo.
El español en Filipinas
España tomó posesión del archipiélago en 1564. Sin embargo, debido al Tratado de Tordesillas, la única forma de acceder al territorio era por el océano Pacífico. La lejanía geográfica , unida a la dificultad para alcanzar tierra firme, provocó escaso interés en la colonia. Los habitantes españoles de la colonia más oriental del imperio eran religiosos, militares, y la administración encargada del galeón de Manila. Filipinas, junto con Puerto Rico y Cuba, fue de las últimas colonias españolas, que se perdieron al finalizar la guerra contra Estados Unidos de América en 1898.
Los motivos por los que el español no se convirtió en la lengua mayoritaria de la antigua colonia asiática son, según Lipski (2001) :
1. La política del gobierno español de usar las lenguas vernáculas, sobre todo en funciones religiosas.
2. El número pequeño de colonos españoles frente a la mayoritaria población indígena.
3. La falta de grandes desplazamientos de la población autóctona que posiblemente hubieran creado la necesidad de usar el español como lingua franca.
Como vemos, es una situación similar a la que sucedió en la Península Ibérica con la entrada de los visigodos tras el declive del imperio romano y la desaparición de Hispania como península romana.
Las lenguas cooficiales de Filipinas son el tagalo y el inglés. El español es una lengua minoritaria, de la que Jonh Lipski distingue entre dos fénomenos. El primero es el español de las élites de herencia hispano-filipina. Lo habla un grupo pequeño, aristocrático y descendiente de españoles. El segundo es el grupo de lenguas criollas conocidas comúnmente como chabacano. Lipski lo denomina PCS (Philippine Creole Spanish), que hemos traducido como Español Filipino Criollo o EFC.
Ni una ni otra aparecen en la lista de las principales lenguas según la web del gobierno filipino, donde en cambio sí se mencionan el inglés, el tagalo, y ocho dialectos.
Rasgos específicos del español en Filipinas
Este español filipino las clases altas sigue el modelo del castellano. Sus hablantes se localizan en las zonas residenciales de Manila y Cebu y descienden de españoles. Otro de los motivos por los que conservan el español es que se han educado en colegios privados religiosos donde el profesorado procede a menudo de España.
Los abogados suelen estudiar español, ya que gran parte del código civil estaba en esta lengua. Estos filipinos emplean la lengua peninsular como muestra de rango social y orgullo de autenticidad aristocrática. Sin embargo, según Lipski, “…few true speakers under the age of about 40 are to be found, and it is unlikely that the language will survive another generation.” (Lipski, 2001).
Las características del español hablado en Filipinas se enumeran a continuación.
Fonética:
Morfosintaxis
Léxico
Cambios semánticos
El español filipino criollo o chabacano.
Siguiendo la clasificación de Lipski (2001), en este artículo llamamos al chabacano “español filipino criollo” o EFC, evitando el nombre tradicional de chabacano. Éste término significa, según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua “sin arte o grosero o de mal gusto”. Posiblemente el nombre le viene por el poco aprecio que se ha otorgado a esta lengua desde su formación. El chabacano ha sufrido desprecio e incomprensión, debido a prejuicios o falta de interés por conocer profundamente su estructura: “… es un español con los recursos gramaticales del tagalo y el cebuano” (Antonio Quilis, 1975). Tambiñen se ha calificado como “español roto” y en algunas regiones se rechaza.
Se considera que el superestrato del EFC es un conjunto de lenguas autóctonas, principalmente el cebuano y el tagalo, y el español es un superestrato ya que gran parte del léxico del EFC proviene del español. Según Lipski, “Altough within the PCS/Chabacano-speaking communities this word has lost the negative connotation and refers only to the language itself, many enlightened community members avoid the term Chabacano and prefer instead the regional designations of Caviteño, Ternanteño, and especially Zamboangueño.” (Lipski, 2001).
Lipski calcula que alrededor de medio millón de filipinos habla EFC, aunque en la web de Zamboanga se afirma que son al menos 700.000. De estas tres variedades, la más extendida es el Zamboangueño, hablado en la peninsula de Zamboanga.
Zonas en las que se habla español filipino criollo.
http://www.comunidadtulay.com/
No se conoce el origen exacto del EFC. Lipski apunta varias posibilidades:
Noticias en EFC
Rasgos distintivos del EFC La noción general es que el EFC no tiene gramática “Nuay [kamé] gramática `we have/there is no grammar’ I was constantly informed in Zamboanga, while many Chabacano speakers in Cavite informed me that Chabacano was ‘broken Spanish’ and tried their best to speak in ‘real’ or ‘good’ Spanish” (Lipski, 2001) La falta de libros de gramática, instrucción formal o tradición de escritura en chabacano refuerza esta idea. Sin embargo, los lingüistas han identificado una base gramática, aunque carezca de norma escrita. Sin embargo, Ian Mackenzie (2001) ha identificado estas características:
Fonética.
Morfosintaxis
Según Mackenzie (2001), el EPC sigue las relgas básicas de las lenguas criollas.
Pronombres personales:
María le regaló un reloj a su novio
Lección de gramática de EFC
¿Cuál es el futuro del español en Filipinas?
El español se ha extendido más allá del territorio en el que se desarrolló (de Castilla al resto de la península Ibérica) al igual que sucedió con el latín. Si se comparan ambas lenguas, tenemos una español normativizado (como el latín culto) socilectos y geolectos del español que llevaron los soldados, misioneros, e inmigrantes a los territorios conquistados, como sucedió con el latín vulgar.
Los fenómenos del latín y el español no son iguales, pero tienen similitudes. Por un lado, la norma, que es poco flexible, acepta sólo determinados préstamos y cultismos y es hablada sólo por un pequeño grupo. Por otro, los múltiples dialectos, que son flexibles, con léxico que acepta préstamos de otras lenguas, incluidas las vernáculas, y evolucionan de manera tanto fonética como morfosintáctica.
Independientemente de la situación del español en otras áreas, en Filipinas hay una situación similar a la que se produjo con la llegada de los visgodos a la península Ibérica. El español sirvió de superestrato para el chabacano, aportando léxico a la lengua de base gramatical autóctona.
Entre los nativos filipinos que hablan español como símbolo de alto estatus social, Lipski afirma que “few true Spanish speakers under the age of 40 are to be found, and it is unlikely that the language will survive another generation.” (2001, p 5). Por tanto, es muy probable que los días del español como herencia del imperio estén contados en Filipinas.
Es cierto que existe una Academia Filipina de la Lengua Española, pero este organismo no puede "limpiar, fijar ni dar esplendor" al español en la denomina “ aquella región oriental” si la mayoría de la población no lo habla. La fecha del establecimiento de este organismo, 1924, muestra la escasa importancia que supuso el archipiélago para el antiguo imperio y su existencia se debe más a la nostalgia que a la necesidad real de regular una lengua que los filipinos no sólo no necesitan, sino que abogan por eliminar del currículum universitario y califican de anacrónica: “Spanish is still a subject in the universtiy curriculum (despite current pressure to remove the requirement) and formerly Spanish was widely taught in the public schools.” (Lipski, 2002)
Es posible que el español permanezca en Filipinas, del mismo modo que el latín es parte del currículum español en la educación secundaria y se recurre frecuentemente a ella en forma de dichos, aforismos, fórmulas legales, textos científicos, etc. Pero el hecho es que el imperio español no puso el mismo empeño en imponer el castellano entre los nativos filipinos, como hizo con los americanos. Los filipinos no necesitan saber español en la actualidad para comunicarse en su sociedad, y ya saben inglés para hacerlo con el exterior.
Es más interesante el desarrollo del EFC, porque muestra cómo podría ser el futuro del español cuando éste se convierta en lengua muerta.
Vídeo promocional de Zamboanga en EFC
Mauro Fernández considera al EFC como “lengua en peligro” (2001), y Lipski deplora la confusión creada en torno al EFC: “One of the difficulties in tracing the presence and development of Chabacano in the Philippines is the common confusión of a coherent creole language with ‘broken Spanish’ or even fluent Spanish" (2001). De hecho, sí existió una variedad de pidgin o ‘español roto’, llamada “español de cocina”, que usaban los inmigrantes chinos y la servidumbre de las casas españolas.
Según Lipski, parece ser que los únicos interesados en el EFC son los especialistas en lenguas criollas. Sin embargo, si se comprueban otros datos, vemos que los zamboanganos están muy orgullosos de su lengua. El mismo Lipski afirma que los políticos y funcionarios emplean zamboangano cuando van a la península. “In Zamboanga City and its environs, nearly all local-level politicians come from the región, and speak Chabacano as first or second language… any government oficial who addreses an audience in Chabacano is assured of the loyalty of significant sectors of the population” (Lipski, 2002)
También se puede encontrar online webs culturales basadas en el EFC, como esta página de proverbios, y numerosos artículos sobre el zamboangano. Existe incluso un día del zamboangano, y el distintivo sobre el que sus hablantes muestran orgullo es por ser la única lengua de base española que existe en Asia. Los hablantes de EFC no hablan español, pero reconocen la raíz hispana de su lengua.
Aunque se hable en una región por una cantidad relativamente pequeña de filipinos (las cifras oscilan entre el medio millón y los 700.000 hablantes), los datos proporcionados dan la idea de una lengua dinámica, flexible (acepta préstamos del inglés y el español) y parte importante de la identidad de la región: “Chabacano is a manifestation of linguistic and cultural resilience, a language which continues to grow in number of speakers and sociopolitical impact” (Lipski, 2001). En el número de hablantes está la cuestión. Si continúa creciendo, el EDC podría convertirse en lengua descendiente del español, como este es del latín y este es a su vez del indoeuropeo.
Bibliografía y webs de referencia