Las jarchas y el mozárabe




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Fuente: Ministerio de Educación, España



I. Introducción

Como se sabe, por mucho tiempo, la península ibérica fue parte del Reino Visigodo y, luego, del Imperio Árabe. En aquella época, y desde hacía ya algunos siglos, se vivía una situación de multilingüismo, acentuada por el establecimiento de los visigodos en el siglo V y de los árabes a partir del siglo VIII. Para comienzos del siglo VII, los visigodos hablaban ya un Latín proto-romance compatible con el Latín imperial y con las variedades vulgares habladas por la población nativa con la cual estaban en contacto. Aparte de ello, había para el siglo VIII una importante comunidad judía y árabe. En al-Andalus, después de la invasión árabe, la lengua oficial fue la arábiga, pero como apunta Wright la mayoría del personal que vino con la conquista del sur de España, en su mayoría bereberes del Magrib africano, hablaba también romance:

il est raisonnable de supposer qu’un grand nombre des envahisseurs berbères de la péninsule ibérique parlaient déjà le roman, soit comme langue maternelle soit comme langue apprise, et qu’ils pouvaient par conséquent communiquer avec les habitants autochtones (1993, pp. 61).

Aunque no se sabe mucho de las variedades que se hablaban en esos territorios, se tiene certeza de que tanto las variedades de árabe como de latín habladas por la población eran variedad populares o ‘vulgares’, mientras que la variedad culta era más bien literaria y hablada por la élite. Estas variedades ‘vulgares’ serían las que influenciarían la formación del romance que se estaba gestando a partir de la dialectalización del Latín en Europa y que ya para el siglo IX puede reconocerse como romance. El romance no era una variedad unificada, sino más bien un continuum de variedades que habían tenido su origen en el Latín pero que evidenciaban características propias según una determinada región.

Esta era también la lengua comúnmente hablada en al-Andaluz, la mayoría de cuyos habitantes eran al menos bilingües (Wright, 1993; Zwarjes, 1997). La situación en el sur de la Península era, entonces, lingüísticamente compleja:

el dominio tanto del dialecto romance andalusí como del dialecto árabe andalusí era común a las tres comunidades religiosas de musulmanes, cristianos y judíos. El bilinguismo oral, individualmente más o menos pronunciado según la situación particular, llevaba constantemente . . . a situaciones de cambio de código (Kiegel-Keicher, 2008, pp. 202).

Es en este contexto en el que se desarrolla, en al-Andaluz, la variedad románica vernacular conocida como “mozárabe”, término que proviene del árabe musta’arab ‘tendiente a lo árabe’ o ‘arabizado’ (Sola-Solé, 1973, p. 36). Aunque usualmente (o, más bien, estereotípicamente) el mozárabe es considerado como el romance hablado por los cristianos en territorios entonces ocupados por los árabes, en realidad, como dice Galmés, “debe entenderse por mozárabe la variedad lingüística hablada en al-Andaluz, especialmente hasta finales del siglo XI, no solo por los cristianos, sino también por los muladíes o renegados, y, en menor medida, por parte de la población conquistadora [i.e. La población de origen árabe]” (1994, pp. 9).


II. Las jarchas y el estudio del mozárabe






















Documental acerca del origen de las jarchas

En 1948, el estudioso hebraista Samuel Stern publicó un artículo con unos veinte poemas breves escritos en una variedad romance parecida al castellano pero que tenía gran influencia árabe. Estos poemas en realidad eran composiciones pequeñas de unos cuantos versos que servían para cerrar una composición poética tradicional escrita en árabe o en hebreo clásico llamada moajaxa. La moajaxa era una composición altamente elaborada que consistía de un verso introductorio llamado matla, seguido de unas cinco a siete estrofas que consistían cada una de dos partes: el bayt o ‘mudanza’ y el qufl o ‘vuelta’. La última estrofa introduce a un personaje que va a cantar las últimos versos, a manera de cancioncilla o estribillo. El último qufl de las moaxajas, el estribillo final, recibió el nombre de jarcha y estaba escrito en una variedad romance que se conoce como mozárabe. Las jarchas constituyen el primer testimonio de una lengua romance en la península Ibérica y datan del período comprendido entre los siglos X al XIII. Una jarcha era una elaboración de registro esencialmente popular y oral, cuyo origen podría estar en “canciones o fragmentos olvidados o perdidos de poemas de tema pagano y amoroso” (Jiménez Benítez, 1982, p. 53) y que eran “appended to the end of the classical Arabic muwashshah by way of contrast and light relief” (Abu-Haidar, 1978, p. 10). Quienes escribieron las jarchas fueron más probablemente poetas cultos que se inspiraron en estas fuentes populares.

Ejemplos de Jarchas interpretadas por Flor María Alvaro

Las jarchas no solo son importantes porque son uno de los primeros documentos de literatura en lengua romance, sino también porque a través de ellas podemos aprender sobre una variedad específica de romance que coexistió con otras como el castellano o el catalán, pero que estuvo olvidada por mucho tiempo. El mozárabe no solo es importante como lengua vernácula del sur de España en un periodo importante de su historia, sino también como variedad emparentada con las otras lenguas romances y por lo que nos puede decir sobre la génesis del español. La historia del mozárabe puede dividirse en tres momentos, siguiendo las ideas de Ferrando (1995) acerca del origen de los préstamos del romance en el andalusí. Un primer momento estaría constituido por la sustitución de los primitivos romances hispánicos por la lengua árabe, luego de la conquista árabe del sur de la península. Como consecuencia de la imposición del árabe y la situación de bilingüismo sobre el romance local surge ya el protomozárabe. Un segundo momento es aquel en el que se afianza la nueva situación cultural y política en al-Andaluz, y conviven tanto el romance mozárabe como el árabe. En esta época, el árabe es la lengua de cultura y administración, pero el mozárabe es la lengua rural, popular y privada. El tercer momento es posterior a la conquista de Toledo (1085), lo que terminó con el dominio árabe y la imposición del dialecto castellano en la región. Con ello empieza el declive del mozárabe hasta su gradual extinción a mediados del siglo XIII o inicios del XIV. La cultura y la lengua mozárabes, en algún momento, especialmente cuando los árabes todavía dominaban la mayor parte de la península, llegaron a ser prestigiosas y representaban una cultura más refinada que el castellano (Lipski, 2005, p. 3), que en ese entonces era hablado por una mayoría no educada y cuyo refinamiento cultural no se comparaba con el sur arabizado y con influencia judía.

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Expansión del mozárabe en el siglo X

Así, pues, el mozárabe no sobrevivió la reconquista española, pues conforme el Reino de Castilla fue unificando la península, las variedades romances del norte se fueron imponiendo en el resto del territorio como norma hablada (Pountain, 2001, p. 42). Sin embargo, nos quedan las jarchas y otros documentos (especialmente documentos administrativos y cantos eclesiásticos) como testimonio de la existencia de esta variedad romance.



Liturgia hispánica en mozárabe - Catedral de Salamanca

III. Inventario fonético
El mozárabe fue una variedad bastante conservadora en comparación con lenguas emparentadas como el castellano, el portugués o el catalán. Su descripción es problemática por los pocos testimonios que hay, así como por la misma variedad lingüística que hubo en al-Andaluz. Como consecuencia de esto, el mozárabe no fue una variedad completamente uniforme. En las jarchas, se pueden ver ciertas alternancias léxicas (un autor utiliza un término romance y otro un término árabe para el mismo objeto), fonéticas y gramaticales.
El siguiente inventario del mozárabe es adaptado de la propuesta en Beale-Rivaya (2010), la cual está basada en los trabajos de Gonzáles Palencia (1962) y Ferrando Frutos (1965). Galmés (1983) también ha trabajado sobre el aspecto lingüístico del mozárabe. En esta sección sigo mayormente a estos autores. Las jarchas fueron escritas en alfabeto árabe, por lo que me baso en la transliteración de los poemas al alfabeto latino hecha por Galmés (1994), Pountain (2001) y Sola-Solé (1973). También, me he servido de las transcripciones de esta página web: __http://www.jarchas.net/jarcha1.htm__. Todos los ejemplos de este trabajo provienen de las traducciones halladas en estas cuatro fuentes. Esta parte no pretende ser un estudio lingüístico exhaustivo, sino dar una idea general del mozárabe y de cómo era su inventario fonético. Algunos aspectos interesantes con relación a los sonidos del mozárabe se tocan en las sub-secciones III.a y III.b.


Consonantes

bilabial
labiodental
dental
alveolar
palatal
velar
Uvular
Oclusiva
p b


t d

k g

Fricativa

v
ð
s
ʃ

h
Africada



ts



Nasal
m


n



Lateral



l ɬ
ʎ


Vibrante



r



Semiconsonante
w



j



Vocales

anterior
central
posterior
alta
i

u
media
e

o
baja

a



III.a Consonantes
Sobre las consonantes, podemos ver que aparecen las oclusivas en pares sordas y sonoras p, b, t, d, k, g. En mozárabe había una regla, existente también en el árabe, según la cual las consonantes oclusivas sordas t y k se pronunciaban con lo que se conoce como pronunciación “enfática” en la tradición arabista (Gálmes de Fuentes, 1994, pp. 62-63): esta consiste en la pronunciación con una coarticulación faringea de las consonantes sordas en posición intervocálica. Precisamente, uno de los rasgos que caracteriza al mozárabe es la no sonorización de las consonantes oclusivas sordas en contextos intervocálicos en sílaba pre o post-tónica, como sí ocurrió en castellano (como en *lupus > lobo). Sin embargo, cabe anotar que la pronunciación de las oclusivas sordas intervocálicas en mozárabe no era exactamente la misma de la del latín, sino que se vio influenciada por la pronunciación “enfática” del árabe. Por ejemplo, la palabra matre ‘madre’ conservó la oclusiva sorda del latín, pero su pronunciación era “enfática” i.e. [matˤre] (sigo la convención de la IPA) con la t faringea. Otro ejemplo donde se conserva la t es matrana ‘madrugada’, del Latín *maturana.
A continuación siguen ejemplos de la presencia de consonantes oclusivas en palabras encontradas en las jarchas:
p y b: paska ‘pascua’, beni ‘ven’, bos ‘vos’
t y d: tornarad ‘tornará’, kontenir ‘contener’, doler ‘dolor’, demandare ‘demandar’
k y g: komo ‘como’, garid ‘dime’
En cuanto a las consonantes fricativas, cabe señalar que una de las principales características presentes en las jarchas mozárabes es la retención de la f inicial del Latín, que ante una vocal cambiaría a h y luego a ø en otras lenguas romances. Este es uno de los aspectos que define el carácter arcaico del mozárabe frente al carácter innovador de, por ejemplo, el castellano. Ejemplos de la conservación de la f en posición inicial encontramos en las palabras farey ‘haré’, farás ‘irás’, fermoso ‘hermoso’, filyo ‘hijo’.
Otro es el caso de la africada palatal que se observa en formas como qurachon [kuratʃon] ‘corazón’, proveniente del proto-romance corat
yone. Este es otro ejemplo de un rasgo arcaizante del mozárabe en comparación con el castellano, donde estas formas palatales siguieron innovando hacia una pronunciación más adelantada (alveolar o interdental), pasando luego de una pronunciación africada alveolar [ts] a una alveolar [s] o interdental sorda [ɵ]: koratyone > koratʃon > koratson (<coraçon>) > korason (<corazon>). Otros ejemplos de esta fricativa palatal en mozárabe lo hallamos en palabras como dolche ‘dulce’, lanchas ‘lanzas’ o fache ‘faz, cara’. Otra instancia de un estadio de evolución fonética intermedia en comparación con el castellano es la palatalización de g en j ante una vocal frontal. Así, en mozárabe tenemos la palabra yermanella ‘hermanita’ < Lat. *germana. Como explica Pountain (2001, pp. 447), en castellano se sigue la dirección del cambio hasta la caída eventual de la palatal en inicial de palabra g > j > ø cuando la sílaba es inacentuada.
Las sibilantes representan un problema para los estudiosos del mozárabe. De acuerdo con Pountain (2001, pp. 47), el romance distinguía realizaciones africada alveolar ts, ápico-alveolar ş y palatal ʃ; mientras que el alfabeto árabe distinguía en sus grafemas los sonidos alveolar s, palatal ʃ y ‘enfático’ . El mismo autor nos dice que es posible que el mozárabe no haya conocido la distinción entre la alveolar s y la palatal ʃ, debido a que ambas son representadas con la misma grafía de los alfabetos árabe y hebreo. De la misma opinión es Beale-Rivaya (2010), para quien la alveolar y la palatal pueden aparecer en la misma posición indistintamente, y da como ejemplos iʃtara ~ istara ‘compré’. Para Galmés, la pronunciación de la s es ápico-alveolar ([ş]), propia del romance. En las jarchas, además, encontramos unas cuantas instancias en las que la grafía árabe se corresponde con la antigua <ç> del romance y que representarían una consonante africada alveolar ts que también se encuentra en otras lenguas romances: por ejemplo, en palabras como <qoraçon> la interpretación sería [koratson]. Esta forma de pronunciar ‘corazón’ alterna con la anteriormente vista qurachon [kuratʃon]. Los ejemplos con <ç> que más abundan provienen de palabras de origen árabe y no latino, como <çidi> [tsidi] ‘señor’.
También hay ejemplos de conservación de la d en posición intervocálica, que se perdió en el paso del Latín al castellano, en voces como: vade ‘ve’, ad-un ‘aún’ (del Latín *ad hunc).
Las consonante nasales m y n también se encuentran presentes en el mozárabe de la jarchas. Ejemplos de estos sonidos son las formas: dormirey ‘dormiré’, adamey ‘cortejé’, mibi ‘mí’, buono ‘bueno’, non ‘no’, tanqas ‘toques’. Un dato que demuestra de nuevo la tendencia conservadora del mozárabe es que todavía preserva las nasales geminadas del latín mm y nn. Así, tenemos formas como mamma ‘mamá’ < Lat. *mamma o qannam ‘cáñamo’ < Lat. *cannăbum. Se observa también la palatalización de la nasal alveolar en formas como manyana ‘mañana’ como resultado de la diptongación de la vocal e del latín *maneana (sobre la diptongación de e, ver la sección III.b más abajo).


III.b Vocales
Las vocales constituyen otro tema de difícil interpretación, dado que el alfabeto árabe no representa las vocales sino solo las consonantes. Como sucedió con la mayoría de lenguas romances, la distinción entre vocales cortas y largas del latín parece haber desaparecido en el mozárabe de las jarchas. Gálmes (2001, pp. 49) propone que las vocales tónicas del proto-romance ĕ y ŏ diptongaron en ie y ue/uo, respectivamente: yerbatura ‘hierba’ < *Lat. hĕrba; fierru ‘fierro’ < Lat. *fĕrrus; werta ‘jardín’ < *Lat. hortus; buono ‘bueno’ < Lat. bonus; kuollo ‘cuello’ < Lat. collum. Hay ciertas alternancias en distintos textos; mientras en algunos se encuentran los diptongos, en otros aparece la vocal simple sin diptongación: kere ~ kiere ‘quiere’, dolen ~ duolen ‘duelen’.
Una característica que resalta en el mozárabe es la conservación de la vocal e al final de palabra, que prácticamente se perdió en el castellano después de t, d, n, l, r y s. Algunos ejemplos con palabras mozárabes en las que se observa la conservación de la e final son amare ‘amar’, male ‘mal’ o’duro’, levare ‘llevar’, demandare ‘demandar’, matare ‘matar’, entre otros.
Es interesante la pérdida en mozárabe de la semiconsonate w ante vocal a, como en la palabra yanayr ‘enero’ (< *Latín januariu). En ocasiones, la w también desaparece ante una consonate oclusiva velar: paska ‘pascua’, kand ‘cuando’. Esto último le hace similar al moderno francés o al catalán, por ejemplo, en contraposición con el castellano donde la semiconsonante no se perdió en tales casos. Sin embargo, en castellano las formas sin w en algún momento estuvieron en competencia con las que tenían la w.


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Jarcha conocida como la número 1


IV. Algunos fenómenos morfológicos y sintácticos
La morfología y sintaxis del mozárabe presenta algunos fenómenos bastante interesantes. La formación de palabras presenta una base latino-romance, pero a ello hay que añadir préstamos del árabe vulgar. A veces las alternancias morfológicas entre el romance y el árabe son marcadas.
Normalmente, aparecen formas morfológicas mixtas. Por ejemplo, el sufijo diminutivo femenino -lla ~ -ella y masculino -llo, -ello aparecen en la formación de palabras, tanto con raíces latinas como con raíces árabes. Por ejemplo, en la siguiente jarcha, la palabra de origen romance boka ‘boca’ y las de origen árabe hamra ‘rojo’, saqra ‘bonito’, yumma ‘guedeja, cabellera’ reciben el diminutivo.
Mamma ay habibi ‘¡Madre, ay qué amigo!
so la yumella saqrella bajo la guedejuela rubita
el qollo albo el cuello blanco
e la boquella hamrella y la boquita coloradita’


Asímismo, el determinante árabe al- acompaña tanto a bases de origen latino como de origen árabe:
al-habibi ‘(el) amado’.
tan buona al-bisara ‘qué buena (la) albricia (~noticia)’


Notemos que en otras jarchas, se prefiere el artículo del romance tanto con palabras de origen árabe como de origen latino:
Sin el habib non bibireyo ‘sin el amigo yo no viviré’


Una característica de la influencia árabe en el mozárabe es el uso de oblicuos que corresponden a las preposiciones del castellano. Palabras árabes como bi-l-haqq y li-l-habib contienen las partículas preposicionales bi ‘with’ y li ‘para, por’. Estas formas ocurren en unas cuantas jarchas y alternan con las preposiciones del romance, que aparecen normalmente.
e divinas bi-l-haqqa ‘y adivinas con certeza’
tan mal mi duoled li-l-habib ‘tanto me duele por el amigo’


El verbo se conjuga de acuerdo a la conjugación del romance, incluidos los verbos provenientes del árabe. En la construcción verbal, no solo se flexiona el verbo árabe, sino que se pueden usar los clíticos con él. Aparecen tanto tiempos de pasado como de presente y futuro. Así, por ejemplo, tenemos:
me hammas ‘me tomas’
Non t’amarey illa con as-sarti ‘no te amaré sino con la condición…’


Según Pountain, algunos ejemplos en los que aparecen verbos con una waw [w] final podrían indicar la preservación de la vocal final -o de la formación del futuro analítico del latín (2001, pp. 47). Así, en
sin al-habib non bibireyu ‘sin el amigo no viviré’


la forma verbal bibireyu podría haber sido derivada del latín *vivire habeo. En castellano tales formas pueden ser rastreadas en el medioevo, donde todavía hay ejemplos tales como ‘vivir he’ que poseen la misma formación analítica del latín.
Sintácticamente, el orden mayoritariamente es Sujeto-Verbo-Objeto, común al romance en general, pero este orden es flexible y es común encontrar el orden Objeto-Verbo o Verbo-Sujeto, característica que el mozárabe compartió también con el castellano:
al-habib espero ‘a mi amado espero’
vienid la pasqa ‘viene la pascua’
vaise mio corachon de mib ‘se va mi corazón de mí’


El mozárabe permitía la construcción Posesivo+Artículo en instancias en las que el artículo provenía morfológicamente del árabe. Esta es una particularidad del mozárabe y proviene de una construcción mixta en la cual la sintaxis de la frase es romance pero la construcción del nombre es árabe (con el artículo al-). En castellano y otras lenguas romances de la península ibérica se permitía el orden Artículo+Posesivo durante el medioevo, pero este se fue perdiendo en favor de una construcción excluyente Artículo+Nombre o Posesivo+Nombre como en ‘el nombre’ o ‘su nombre’, respectivamente. En las jarchas también encontramos ejemplos del orden Artículo+Posesivo del romance medieval:
¿com’ contenir el mío male? ‘¿Cómo contener mi dolor?’


Aquí hay un par de ejemplos que muestran la construcción Posesivo+Artículo-Nombre en mozárabe que señalamos en el párrafo anterior:
mío al-habib est’ ad-yana ‘mi [el] amado está a la puerta’
su ar-raqibi ‘su [el] guardador’ (la l de al- cambia a r frente a otra vibrante)


La negación sigue las pautas de la lengua romance en general y se antepone al verbo. Notemos el uso de los clíticos, las únicas partículas que puede introducirse entre la negación y el verbo:
[…] non me tienes al-niya ‘no me tienes buena fe’
[…] non te tuelgas de mibi ‘no te apartes de mí’


V. Arabismos y latinismos
Por su misma naturaleza, el mozárabe de las jarchas (y en general) tiene como característica más propia, aparte de su arcaísmo, los préstamos de las lenguas árabe y latina.
En cuanto al latín, más que préstamos, se trata del vocabulario que proviene de la lengua madre y que sirvió para conformar la lengua romance. Ahora bien, como ya hemos visto, el mozárabe es más bien una lengua conservadora, o ‘arcaica’, como diría Menéndez Pidal (1951), en el sentido en que mantiene muchas de las formas provenientes del Latín todavía bastante cercanas a su pronunciación original, algunos de ellos, como albo solo pasarían al castellano como cultismo. Algunos ejemplos donde podemos ver esto: garid < Lat. *Garrĭo ‘decir’, demandare < Lat. *Demando ‘demandar’, albo < Lat. *Albus ‘blanco’, male < Lat. *Male ‘mal’, alieno < Lat. *Alienus ‘extraño’, ad < Lat. *Ad ‘a (preposición)’, etc.
Pero, sin duda, son los arabismos los que más llaman la atención en la conformación del mozárabe. Ejemplos como hamra ‘rojo’ < Árab. *Hamra, in ‘si (condicional)’ < *Árab. in, raqibe ‘guardador, espía’ < Árab. Raqib, sarti ‘a condición’ < Árab. *Sart, etc. son representativos de palabras de origen árabe.

Estudiosos como Hilty (1970) cuentan un promedio de 3.8 palabras árabes y 10 palabras romances por jarcha, mientras que Sola-Solé encuentra en total aproximadamente 30% de arabismos en los textos. Frenk Alatorre sostiene que “casi dos terceras partes de las jarchas conocidas tienen más arabismos y aun segmentos enteros en árabe vulgar” (1975, pp. 11). Estilísticamente, anota Frenk Alatorre que los arabismos aparecen con mayor frecuencia en final de verso, por lo que ocurren muchas veces en la rima. Por ejemplo, en esta jarcha, los tres últimos versos contienen arabismos en la rima, y riman con el romance diyah ‘día’ del primer pie:

Albo diya este diyah ‘albo día este día
diya de l-’ansˤara haqqa! día de la ansara en verdad
Vestirey meu l-mudabbay vestiré mi brocado
wa nasuqu r-rumha saqa y quebraremos lanzas’


Frenk Alatorre señala una característica bastante interesante también sobre la elección del código usado en las jarchas:
… En alguna área semántica constatamos preferencias: al amado, por ejemplo, se le designa o invoca casi siempre en árabe; pero ‘amar’, ‘besar’, ‘corazón’, ‘boca’, ‘cuello blanco’ están en romance. En árabe se expresan generalmente las evocaciones sensuales; los sentimientos de angustia amorosa, en romance (Frenk Alatorre, 1975, pp. 113-114).


VI. Conclusiones
Las jarchas son el testimonio de una lengua romance antiguamente hablada en el sur de España durante aproximadamente los siglos IX-XIII o XIV d.C, en la provincia de al-Andaluz. Esta era una variedad que tenía su base en el romance pero tuvo una gran influencia del árabe popular hablado en ese entonces.
El mozárabe fue una lengua conservadora, pues mantuvo mucha de las características del Latín, especialmente en su pronunciación. Es muy interesante porque su estudio permite tener una mejor idea de una lengua olvidada por mucho tiempo, y también nos da nuevas perspectivas sobre las otras lenguas romances. Efectivamente, el mozárabe posee características que permiten apreciar cómo pudieron ser los cambios lingüísticos de otras variedades emparentadas, pues en muchos casos posee estados intermedios de evoluciones que sucedieron en lenguas como el castellano. También es interesante por las formas híbridas de romance y árabe que posee, especialmente en la morfología y sintaxis, pues lo acercan al fenómeno de las lenguas mixtas y de cambio de código. Algunas de estas características son únicas del mozárabe y no se encuentran en otras lenguas romances.



Referencias
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